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GENERAL | por Alerta 360 Internacional

 

La br�jula indignada

Por Andr�s Silva Haro

�ltima modificaci�n: 10 de marzo de 2012 | Descargar en formato PDF

 

El barco indignado tiene problemas. Quienes subieron al mismo invitados por los sublevados marineros, no conoc�an el itinerario del capit�n. La br�jula no estaba descompuesta. El im�n de la izquierda viene guiando la ruta, haciendo puertos en un programa paulatinamente menos presentable a la opini�n p�blica mundial. La br�jula indignada apunta siempre a la izquierda y quienes van dentro caminan hacia donde les lleva el siniestro capit�n.

 

Para todos los gustos

 

Pero dentro, como en todo crucero, hay atracciones para todos los gustos. Salas y cine para los barbudos radicales, con campos de tiro y discursos tan inflamados que Trotsky, Mao o el mismo Bakunin quedar�an perplejos por sus consecuencias. El Che les sonr�e desde las pancartas que cuelgan en las paredes al ritmo de m�sica �social y popular�.

 

Salones pulcros est�n acondicionados para la clase ejecutiva, con documentales y una nutrida biblioteca donde unos y otros confirman lo que todos dicen en la sala. La m�sica de fondo es m�s producida, con tono grave como son las circunstancias que debaten. La comida es excelente y las alfombras mullidas van al tono de sus rostros bien afeitados, cabellos de sal�n de belleza, perfume y ropa a la moda indignada. La prensa del d�a, con sus enormes tijeras de la �realidad indignada� les informa de todo lo que necesitan saber sobre lo que ya cre�an. Los periodistas que env�an las notas al barco, felices, se llenan de fama e incentivos.

 

Para los m�s j�venes y no tanto, las salas de cubierta ofrecen coreogr�ficas y r�tmicas comparsas y murgas, acompa�adas de globos, payasos y mimos, besos y abrazos repartidos a granel, al tono de las creaciones publicitarias l�dicas y creativas que tanta simpat�a causan a los moderados que, arrugando la nariz, desaprueban los extremismos.

 

Gu�as indignados pasean a observadores y prensa por los salones, con paquetes tur�sticos al gusto de cada quien, para que vean s�lo lo que les interese.

 

En cada puerto un amor

 

El barco sigue su rumbo, sin variar, sin cambiar sus destinos. La maquinaria mueve el barco lenta y continuamente. Los pasajeros, inmersos en sus intereses, no reparan en el itinerario. Recalan en un puerto, se indignan, ocupan y contin�an el camino. En tierra quedan quienes desean hacer de ese puerto su  nuevo espacio. Los indignados marineros toman nuevos pasajeros, acomod�ndolos seg�n gusto y condici�n. Y prosiguen el camino.

 

El capit�n sonr�e, da �rdenes a los maquinistas, pide bocadillos y gira el tim�n cada vez un poco m�s a la izquierda, a paso lento pero sin descanso.

 

A su paso el saldo de destrozos, vandalismo y costos econ�micos y sociales es proporcional a los anuncios del �xito de las movilizaciones, reportando a cada sal�n sus �triunfos imparables� y �nuevas esperanzas�.

 

El maquinista rojo

 

El capit�n fuma un enorme habano, enviado con simpat�as desde la c�rcel caribe�a. Y sonr�e con el reporte. Toma el tel�fono. Se comunica con tiranos, demagogos y dictadores. Todos le felicitan, agradecen sus resultados y prometen m�s recursos y pasajeros de refuerzo. Ellos se sienten c�modos, respaldados y sin amenazas a la vista.

 

S�lo interrumpe su feliz jornada para pedir reportes del clima de los nuevos puertos. Y de los ya visitados. El rastro de caos le recuerda el humo de su habano. Ha cumplido su tarea y nadie ve lo que no se desea que se vea.

 

El clima de los pr�ximos destinos es tenso. Sonr�e maliciosamente pensando en el rostro aterrado de las autoridades que sufrir�n su arribo, tan torpes en su manejo del caos, tan condescendientes con los indignados y siempre tan dispuestos a negociar con los ocupantes.

 

�Gracias, Capit�n�, dice un dictador al terminar un breve di�logo telef�nico, �con su ayuda hoy somos los moderados. Antes fuimos los despreciables. Hoy somos la mejor alternativa�.

 

El conductor bebe un poco de ron caribe�o, aclara la garganta y tomando el micr�fono, comienza a transmitir las consignas por los altoparlantes. Explica los problemas que deben remarcar en el pr�ximo puerto, las cifras y casos que deben tomar para su propaganda. Alerta a los m�s exaltados sobre las t�cnicas para intimidar a quienes no concuerden, ridiculiz�ndolos, amenaz�ndolos o, si es preciso actuar en grupo para acallarlos.

 

Las cuentas del caos

 

El barco prosigue su marcha. Protestan aqu�, se victimizan all�, organizan recitales en otro sitio e invitan a estrellas del espect�culo para que les den apoyo y repitan � con emoci�n � alguna consigna prefabricada.

 

Los expertos en viajes pueden predecir su rumbo. Y el p�blico internacional tambi�n. Su rastro es innegable. Los incendios arrojan saldos de destrucci�n, violencia y humo.

 

El barco no marcha solo. Goza de las simpat�as de la prensa y de los poderes de siempre. Las tradiciones imperialistas de China y Rusia extienden manos paternalistas a los dictadores de turno. Sus totalitarismos de Estado, terroristas, militares y represivos no deben temer consecuencias internacionales. Los gigantes asi�ticos se hacen socios comerciales y pol�ticos de sus tiran�as. Otros, con m�scaras dem�cratas, simpatizan, apoyan, condenan cualquier acci�n que impida los cr�menes y dictaduras con las que simpatizan.

 

Quienes antes rasgaban sus vestiduras y clamaban al mundo pidiendo sanciones, boicots, condenas internacionales, protestas fraternales y hasta intervenciones militares hoy piden apoyo, comprensi�n y solidaridad con los tiranuelos amigos.

 

El mundo al rev�s

 

Siria, por ejemplo, sufre una de las dictaduras m�s sangrientas del socialismo moderno. La d�cada del r�gimen de Bachar Al Assad abri� el siglo XXI con una de las versiones m�s autoritarias y represivas del mundo.  Fue la continuaci�n de la saga desp�tica y sangrienta que el socialismo implant� all� desde 1963 a trav�s del Baaz (Partido de Renacimiento �rabe Socialista) y que mantuvo a los al Assad en el poder desde 1970.

 

La Internacional Socialista � club VIP de dictaduras a la que pertenece la tiran�a siria -  consiente el uso del ej�rcito, polic�a, checas[1] y mercenarios junto a violentistas agitadores para aplastar a los opositores, junto con una met�dica represi�n y manipulaci�n de la prensa y grupos sociales.

 

Gracias al paso del barco indignado, reg�menes como el sirio puede continuar secuestrando, linchando impunemente, violando, torturando y asesinando con vejaci�n de los cad�veres, sean de ancianos, mujeres o ni�os. Las masacres se cometen con uso del aparato estatal o de grupos armados que disparan, secuestran, ametrallan o bombardean a la poblaci�n civil.

 

Bajo el amparo de la solidaridad socialista internacional y sus aliados, partidos como el Baaz sirio, con medio siglo el poder a trav�s del golpe de estado � m�todo favorito y tradicional rojo � del padre del actual dictador, oscurecen sus tierras con abusos, represi�n y grandes dosis de corrupci�n.


El barco indignado goza con los letreros luminosos de puertos como el sirio, con su lema �Unidad, Libertad, Socialismo� y sus m�s de 6.00 muertos (500 de ellos apenas ni�os) y miles de heridos m�s.

 

Les reciben con efusivos abrazos en puertos tan distantes como Cuba, China, Corea del Norte, Francia, Espa�a, Chile, Argentina, Venezuela, Ecuador, Colombia, Libia, Afganist�n, Argelia, Reino Unido, Brasil, Canad� o los Estados Unidos de Norteam�rica, con galas gubernamentales aqu� o recelo de las autoridades y fiestas populares de los agitadores all�.

 

Baaz, dig�moslo como ejemplo, nace como ideario nacional socialista laicista en muchos pa�ses �rabes, pero fue en Irak y Siria donde se hizo del poder m�s brutal y prolongado. Con el tiempo mantuvo su fascismo popular hasta nuestros d�as, reuniendo a toda suerte de socios y aliados, tan afectos al terrorismo de Estado y represi�n.

 

Los socios rojos se miran con complacencia ante el auxilio, el nuevo ox�geno que llega con el barco indignado. Aire fresco que significa, ocasionalmente, derrocar a sus viejos �dolos para imponer soluciones m�s radicales. Socialistas como los reg�menes de T�nez, Libia, Egipto o Ir�n que extendieron sus tent�culos de terrorismo internacional pueden respirar tranquilos gracias a la impunidad y continuidad de sistemas m�s duros, tras el paso del nav�o.

 

Los regalos llegan. Vienen muchachos encapuchados portando los presentes y provisiones para los indignados. Desfilan isl�micos escupiendo consignas contra occidente, abrazados de socialistas que corean las mismas consignas y se congracian con banderas de las tiran�as de la Yihad. Junto a ellos hay narcoterroristas, comunistas postergados, anarquistas, terroristas separatistas y violentistas de toda clase que levantan sus pu�os para entonar los mismos y nuevos esl�ganes, cargados de amenazas y frases sin sentido. Sean Hezbollah, ETA, FARC, mapuches, Hamas o ecologistas radicales, todos se encuentran a gusto y cooperativos. Sus rostros occidentales y medio-orientales, colombianos, norteamericanos, coreanos, venezolanos, cubanos, rusos, birmanos y de cien naciones no acusan recibo de los testimonios y acusaciones por violar los derechos humanos m�s elementales en sus pa�ses. Todos aparecen sonrientes ante las c�maras y aterradores ante las autoridades que intentan ponerles un freno.

 

Si Hitler hubiese conocido este barco, habr�a ganado la guerra, tanto por sus hermanos nacional socialistas modernos como por el apoyo irrestricto de las izquierdas a los reg�menes dictatoriales, fan�ticos y represores que defienden. O Stalin, que ya sonr�e desde su oscuro lugar en la historia frente a las camadas de entusiastas defensores de sus cr�menes y sistemas, que intentan imponer en las naciones libres o sostener en los pa�ses que ya tuvieron la desgracia de ser sometidos al terror rojo.

 

El barco prosigue su marcha. Atr�s quedan los despojos, como antes fueron de los b�rbaros en Europa, de sociedades libres, poblaciones seguras y derechos elementales.

 

Notas:

[1] Checas: grupos de delincuentes organizados informalmente para amedrentar y aplicar �justicia popular� a la poblaci�n sometida a su ideolog�a, dirigiendo su violencia hacia los �enemigos de clase�, disidentes y ciudadanos que deban ser atemorizados para evitar rebeliones.

 

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